Por qué la sociedad civil debe desempeñar un papel más importante en la política de Internet
La sociedad civil aporta a la formulación de políticas de Internet una supervisión basada en derechos, conocimientos locales y mecanismos de rendición de cuentas; los gobiernos y la industria no pueden elaborar por sí solos las reglas digitales.
La sociedad civil protege los derechos humanos en Internet, supervisa a gobiernos y plataformas y aporta conocimientos técnicos, jurídicos y comunitarios.
Excluir a la sociedad civil aumenta los riesgos de censura, cortes y sesgo normativo; una gobernanza inclusiva de múltiples partes interesadas permite elaborar reglas más resilientes y legítimas.
Introducción: el daño real que causan las brechas de gobernanza
La política de Internet ya no es un asunto técnico minoritario: afecta a la integridad electoral, la difusión de información de salud pública, las oportunidades económicas y los derechos fundamentales. Sin embargo, los foros políticos y los procesos legislativos siguen favoreciendo a los gobiernos y las grandes empresas tecnológicas, mientras que las organizaciones de la sociedad civil (CSO) que representan a los grupos afectados, defienden derechos y aportan conocimientos de base suelen quedar marginadas. El resultado son políticas ineficaces y mayores daños sociales.
Qué entendemos por sociedad civil en la política de Internet
En este contexto, la «sociedad civil» incluye organizaciones no gubernamentales, grupos de derechos digitales, redes comunitarias, investigadores académicos, sindicatos, organizaciones de consumidores, periodistas y movimientos de base. Estos actores convierten su experiencia directa en recomendaciones de política, supervisan la ejecución, litigan cuando se vulneran derechos y operan servicios orientados a los usuarios para comprobar el efecto práctico de las reglas. Su legitimidad procede de sus estrechos vínculos con los usuarios y, a menudo, de una amplia experiencia técnica o en derechos humanos.
La sociedad civil defiende los derechos humanos y lo demuestra con datos
Las organizaciones de derechos digitales han documentado repetidamente daños que suelen pasarse por alto: cortes de Internet, retiradas arbitrarias, abusos de vigilancia y plataformas que amplifican la desinformación. Por ejemplo, Access Now y la coalición #KeepItOn registraron cifras récord de cortes de Internet y ayudaron a revocar algunas órdenes gubernamentales, demostrando que la defensa de derechos puede producir resultados tangibles para los usuarios. Los activistas advierten: «Los operadores de telecomunicaciones y proveedores de servicios de Internet que interrumpen sus servicios por orden del Gobierno también son responsables de vulneraciones de derechos humanos».
Conocimientos técnicos y arraigo comunitario
Las organizaciones de la sociedad civil no son meras defensoras; a menudo poseen conocimientos técnicos especializados, desde la medición de cortes de Internet hasta el diseño de herramientas que protegen la privacidad. Las pruebas aportadas por redes comunitarias y grupos de investigación pueden contrarrestar narrativas comerciales estrechas y mostrar los efectos reales de las decisiones políticas, especialmente en regiones y comunidades lingüísticas ignoradas por los modelos del sector. Este puente entre tecnología y comunidad es esencial para elaborar regulaciones creíbles y aplicables.
La importancia de la inclusión: legitimidad, durabilidad y calidad
La formulación de políticas sin una participación amplia puede percibirse como impuesta y carente de legitimidad. Los procesos inclusivos de múltiples partes interesadas, como el modelo del Foro de Gobernanza de Internet (IGF), pueden generar consenso, revelar concesiones y reducir la posibilidad de que intereses estrechos capturen las reglas. Las Naciones Unidas y otros foros internacionales han subrayado repetidamente que la participación amplia es esencial para construir un futuro digital resiliente.
Casos en que la sociedad civil cambió los resultados de las políticas
Desde la oposición a una censura generalizada de plataformas hasta la promoción de reglas sobre cortes de servicios, las intervenciones de la sociedad civil han configurado leyes y prácticas empresariales. El impulso de la sociedad civil a la rendición de cuentas en materia de derechos humanos ayudó a definir las políticas de las instituciones europeas sobre libertad en Internet y fomentó el debate público en torno a instrumentos como la Ley de Servicios Digitales. Estas intervenciones demuestran que, cuando reciben apoyo y recursos, las organizaciones de la sociedad civil pueden cambiar los resultados de las políticas y las prácticas.
Voces expertas: la importancia del argumento
«Es hora de dejar de debatir si Internet empodera a las personas y las sociedades y centrarnos en una cuestión más fundamental y urgente: cómo debe diseñarse y gobernarse la tecnología para apoyar los derechos y las libertades de todos los usuarios de Internet del mundo», escribe Rebecca MacKinnon, subrayando la urgencia de una gobernanza centrada en los derechos.
Renata Ávila, defensora desde hace años de los bienes comunes digitales y la infraestructura digital democrática, es tajante: «La Internet creativa ha desaparecido; ahora tenemos una Internet de vigilancia y control». Señala que las decisiones políticas de hoy determinarán si Internet sirve a la vida cívica o concentra el poder, lo que subraya la necesidad de dar a las organizaciones de la sociedad civil capacidad para cuestionar esas decisiones
Obstáculos para una participación efectiva
Pese a su valor, las organizaciones de la sociedad civil (CSO) afrontan barreras estructurales: financiación limitada, ventanas de consulta cerradas, procesos de redacción opacos y, en algunos países, intimidación o restricciones legales. Las barreras lingüísticas y la complejidad técnica también excluyen a los grupos de base. Sin reformas deliberadas, como financiación, desarrollo de capacidades, servicios de traducción y espacios protegidos de participación, los mismos actores poderosos seguirán redactando las reglas.
Medidas prácticas para ampliar la influencia de la sociedad civil
Financiar la participación, no solo las palabras: Los gobiernos y donantes deben financiar una participación sostenida de la sociedad civil, no «teatro de consulta» temporal.
Imponer transparencia en la redacción: Publicar con rapidez los textos propuestos y las evaluaciones de impacto para permitir el escrutinio y los comentarios constructivos.
Apoyar el desarrollo de capacidades técnicas y jurídicas: Ofrecer formación y oportunidades de adscripción para que las comunidades puedan convertir los daños locales en propuestas de política.
Proteger el espacio cívico: Los instrumentos internacionales y las salvaguardias nacionales deben impedir represalias contra quienes defienden los derechos digitales.
Incorporar la gobernanza de múltiples partes interesadas en todos los niveles: Desde los reguladores nacionales hasta las negociaciones intergubernamentales, la sociedad civil debe ser un participante formal, no un apéndice invitado ocasionalmente.
Beneficios para gobiernos y empresas
La participación de la sociedad civil puede producir reglas mejores y más aplicables, reduciendo los riesgos de litigio, reacción política y fracaso regulatorio. También puede aumentar la confianza pública, algo especialmente importante para políticas que dependen del cumplimiento, como los requisitos de transparencia de plataformas, las normas de moderación de contenidos y los marcos de gobernanza de datos. En resumen: la inclusión es buena gobernanza.
Riesgos si persisten las brechas de gobernanza
Si la participación de la sociedad civil sigue siendo baja, las políticas tenderán hacia modelos reactivos que anteponen la seguridad, erosionan los derechos humanos y fragmentan la Internet mundial. Veremos más censura de Internet, más aplicación discriminatoria y reglas favorables a intereses de mercado consolidados. Estas consecuencias ya son visibles en el aumento de la censura de Internet y las disputas sobre la gobernanza de contenidos. Por tanto, la ausencia de la sociedad civil no solo es injusta, sino también estratégicamente peligrosa.
Conclusión: un llamamiento pragmático
Los responsables políticos y los líderes del sector deben ir más allá de las consultas simbólicas. Deben tratar a la sociedad civil como un socio clave: financiarla, escucharla y codiseñar mecanismos con ella, porque la alternativa es una gobernanza frágil e injusta que termina perjudicando a los ciudadanos. Como han señalado MacKinnon y otras voces, el futuro de la vida democrática en Internet depende de quién tenga hoy el poder de redactar las reglas.
FAQ
- ¿Qué se considera sociedad civil en la política de Internet?
La sociedad civil incluye organizaciones no gubernamentales (NGO), grupos de derechos digitales, redes comunitarias, académicos, periodistas, sindicatos y movimientos de base que representan a los usuarios o aportan conocimientos técnicos y jurídicos independientes. - ¿No pueden las empresas y los gobiernos elaborar por sí solos buenas políticas de Internet?
No. Los gobiernos y las empresas tienen intereses contrapuestos; la sociedad civil aporta supervisión basada en derechos, perspectivas de los usuarios y pruebas independientes, lo que reduce la captura y mejora la legitimidad de las políticas. - ¿Cómo influye la sociedad civil en resultados concretos?
Mediante la investigación, los litigios, la defensa pública y la participación en foros de múltiples partes interesadas, por ejemplo ayudando a revocar órdenes de corte o a configurar salvaguardias regionales para los derechos digitales. - ¿Qué impide que la sociedad civil tenga más influencia?
La falta de financiación, los procesos opacos, las barreras técnicas, los problemas lingüísticos y, a veces, la represión directa. Entre las soluciones figuran una financiación sostenida, el desarrollo de capacidades y la transparencia obligatoria. - ¿Cómo pueden los lectores apoyar un papel más fuerte de la sociedad civil?
Donando a organizaciones de derechos digitales de confianza, participando en consultas públicas e instando a los representantes electos a financiar la supervisión independiente y proteger el espacio cívico.







