

Paisaje
La quietud del fuego reflejado
La luz atraviesa la noche en un trazo vertical. El sol —alto, feroz, preciso— proyecta su forma sobre el agua y crea un sendero reflejado de oro fundido. Cada ondulación lo curva, lo rompe y vuelve a formarlo. El resplandor tiembla, pero nunca se apaga.
A su alrededor, el mar es pura sombra. El cielo no muestra color alguno, solo la tenue huella de la distancia. La tierra del extremo más lejano parece menos real que imaginada, un pensamiento oscuro que flota bajo la luz.
Lo que da peso a la imagen es su contención. No hay nubes, ni gradaciones, ni excesos. Solo la luz y aquello que se le resiste. La fotografía convierte el acto de reflejar en algo casi arquitectónico: una columna vertical que divide el encuadre y conecta lo que arde arriba con lo que perdura abajo. Es una imagen de equilibrio: el fulgor se encuentra con la quietud y la oscuridad aprende a conservar su forma.
Paisaje Aire libre Vista de la playaCategorías: Historias de la galería






