Paisaje
A primera vista parece sencillo: crestas, valles, luz. Pero cuanto más se observa, menos estructura se ve y más se percibe el tiempo. El terreno no es llano ni montañoso: es un recuerdo que ha aprendido a descansar.
Cada curva recibe el sol de manera distinta. Las laderas iluminadas parecen lisas como el papel; las que quedan a la sombra esconden un matiz más frío, casi azul bajo el polvo. Juntas se mueven como olas que nunca rompen. No hay sonido, pero la fotografía contiene un ritmo, un pulso silencioso que pertenece a la erosión y al viento.
Es una escena tranquila, pero no vacía. Cada línea es el registro de algo que alguna vez pasó por allí: agua, calor, movimiento. Lo que queda es una quietud que alberga movimiento, una permanencia moldeada por aquello que no pudo quedarse.
Paisaje Exteriores AbstractoCategorías: Historias de la galería






