Una niña corre por la playa con un atuendo singular, quizá el más colorido que se pueda imaginar. El vestido toca el suelo y sus colores de arcoíris contrastan con fuerza con el fondo quieto y reluciente del agua. La prenda, con colores como el rosa, sus motivos y destellos de azul, verde e incluso amarillo solar, ilumina la escena. La niña extiende los brazos mientras persigue el viento y la libertad y gira con rapidez, con el cabello y la falda fluyendo en la brisa. Los pequeños mechones de su cola de caballo se separan y entrelazan de una forma única. El viento que llega desde lo alto la acompaña mientras corre y despierta una sensación de aventura.
La joven lleva gafas de sol; los cristales reflejan la luz y crean un suave resplandor dorado que hace sentir al espectador que es un día soleado. La luz del sol también centellea en la superficie del agua y refuerza el carácter de ensueño de la escena. El agua abraza la orilla con suaves ondulaciones; el fondo acuático aparece desenfocado y el centro visual de la fotografía se concentra únicamente en la niña, que se convierte en la verdadera protagonista de la imagen.
Es una imagen que grita verano, vacaciones e infancia: inocencia, felicidad, libertad y el sencillo placer que alguna vez obtuvimos al contemplar cosas bonitas. Cuando el espectador inclina la cabeza para escuchar, casi puede oír la risa de la niña, sentir el calor del sol y oler el aire salado del mar. Esta fotografía muestra un instante mágico en un día perfecto junto al agua. Todas las preocupaciones del mundo real desaparecen gracias a esa magia y ya no importa nada salvo la alegría del momento.
Retrato Exterior Vista de la playaCategorías: Historias de la galería






