Animal
Un gato se agazapa con las patas recogidas bajo el cuerpo. Es principalmente gris, suavizado por el blanco del pecho y el rostro. El pelo es corto, pegado a la piel y pulcro contra el suelo áspero. Sus ojos verdes brillan, claros y pensativos, mirando más allá del objetivo hacia algo que no se ve.
Las orejas se mantienen erguidas, una ligeramente desigual, una pequeña señal de experiencia. La nariz es rosada y los bigotes, definidos. Permanece inmóvil, pero no hay debilidad en ello: la forma en que sostiene la postura transmite fuerza; está equilibrado, recogido y atento.
El suelo es de piedra y polvo, irregular y de tonos cálidos. Esa aspereza enmarca la calma del animal y refuerza el contraste. Ningún otro detalle distrae la atención, solo el propio gato. El momento parece corriente, pero la mirada le aporta peso. Por un instante, parece más que un retrato: es un atisbo de paciencia silenciosa, una criatura que descansa sin dejar de estar alerta.
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